La palabra de Dios está dada para que el ser humano viva, tenga diariamente el sabio consejo para que le vaya bien en todos los ámbitos. Sin duda alguna es lo más preciado que persona alguna pueda anhelar.
En un momento se recordaba la inquietud de un siervo de Jesús con respecto a ¿Qué hacer con sus huesos al finalizar su estadía en esta tierra?; para la enseñanza nuestra, en la palabra de vida encontramos respuesta a ello. Leer mas
La palabra de Dios está dada para que el ser humano viva, tenga diariamente el sabio consejo para que le vaya bien en todos los ámbitos. Sin duda alguna es lo más preciado que persona alguna pueda anhelar.
En un momento se recordaba la inquietud de un siervo de Jesús con respecto a ¿Qué hacer con sus huesos al finalizar su estadía en esta tierra?; para la enseñanza nuestra, en la palabra de vida encontramos respuesta a ello.
2R.23:16-18 “Y se volvió Josías, … y sacó los huesos de los sepulcros, y los quemó en el altar para contaminarlo, conforme a la palabra de Jesús que había profetizado el varón de Dios … ¿Qué monumento es este que veo? Y los de la ciudad le respondieron: Este es el sepulcro del varón de Dios que vino de Judá, y profetizó estas cosas que tú has hecho sobre el altar de Bet-el. Y el dijo: Dejadlo; ninguno mueva sus huesos; y así fueron preservados sus huesos …”.
Este suceso fue anunciado por Dios a través de uno de sus profetas en 1R.13:1-2 cuando el rey Jeroboam levantó altares y ordenó sacerdotes que sacrificaran en ellos, instituyó fiesta e incluso subía al altar a quemar incienso. Los huesos de todos estos sacerdotes habían de ser quemados en el altar. Los hombres conocedores del proceder de Dios, con algún temor de Jesús, dan por un hecho el cumplimiento de las palabras dadas, por ello sus decisiones son tomadas en función de lo que Dios dice. De allí que otro profeta se previene de esto y procede a ”asegurar sus huesos”, en 1R.13:31-32.
En la profecía anterior hay dos eventos totalmente opuestos decididos a partir de una misma voluntad, la de Dios: Unos huesos son quemados para contaminación, otros son preservados. ¿Puede entonces persona alguna, por su voluntad, decidir qué hacer con sus huesos?
En 2R.13:20-21, se describe un hecho maravilloso : Un muerto cae sobre los huesos del profeta Elíseo y revivió. ¿Habría sucedido esto si los huesos de Elíseo hubiesen sido quemados?. Igualmente en el libro del profeta Ezequiel Ez.37:1-10, la palabra de Dios nos advierte alrededor del tema tratado:
“La mano de Jesús vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jesús, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jesús, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos oíd palabra de Jesús. Así ha dicho Jesús a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis … Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo”.
Un creyente debe tener el pensamiento y la actitud de los hijos de Dios. José conocedor de la voluntad de Dios, procede a dar ordenes claras sobre sus huesos; en Gn.50:24-25:
“Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; …E hizo jurar a los hijos de Israel, diciendo …y haréis llevar de aquí mis huesos”.
A esta orden le da cumplimiento Moisés tal como se lee en Éx.13:19.
En el libro de Am.2:1
”Así ha dicho Jesús: Por tres pecados de Moab, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque quemó los huesos del rey de Edom hasta calcinarlos”.
Y sobre los creyentes dice la escritura en Ap.1:5-6
“… y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes …”.
Ahora puedes meditar sobre el tema. ¿Osará persona alguna ordenar quemar sus huesos?.