"Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados"
Efesios 2:1

La palabra de Dios le enseña al hombre la esperanza que tiene con la vida que se nos ha dado. Y con la finalidad de llevar una vida decorosa, le muestra lo que le espera una vez le haya quitado la vida. El común de la humanidad considera que no existe diferencia entre aquellos individuos que viven impíamente y los piadosos. Incluso hay doctrinas que enseñan sobre la resurrección de todas las personas, familiares, amigos, compañeros, etc., indistintamente al modo en que cada uno asumió su permanencia en el cuerpo, en esta vida terrenal. Vale la pena preguntarnos e indagar sobre esta doctrina. ¿Qué le espera a cada ser al morir?, ¿Iremos todos al mismo sitio al morir? Leer mas

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Iglesia de Jesucristo
:: ¿Iremos todos al mismo sitio despues de morir?

La palabra de Dios le enseña al hombre la esperanza que tiene con la vida que se nos ha dado. Y con la finalidad de llevar una vida decorosa, le muestra lo que le espera una vez le haya quitado la vida. El común de la humanidad considera que no existe diferencia entre aquellos individuos que viven impíamente y los piadosos. Incluso hay doctrinas que enseñan sobre la resurrección de todas las personas, familiares, amigos, compañeros, etc., indistintamente al modo en que cada uno asumió su permanencia en el cuerpo, en esta vida terrenal. Vale la pena preguntarnos e indagar sobre esta doctrina. ¿Qué le espera a cada ser al morir?, ¿Iremos todos al mismo sitio al morir?
Se aprende por las escrituras que no iremos todos al mismo sitio al morir.
Dice una parábola en torno a esto así: en Lc.16:19-26 “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.” ¿Fueron el rico y Lázaro al mismo sitio después de morir? ¿Existía alguna posibilidad de pasar de un sitio al otro?
En el paso por esta vida terrenal se nos ofrece la misma posibilidad por igual a todas las almas de obtener la posterior resurrección, la salvación de nuestras almas y ser librados de la muerte segunda en el lago de fuego.
Note que en la parábola al final aparecen dos sitios totalmente distintos como destino después de la muerte: Lázaro, que padeció en su paso por la tierra, es llevado al seno de Abraham, y el rico, que tuvo una vida de gozo y placer, al Hades (Seol en hebreo).
Jesús, en cuya boca no se halló mentira ni hizo engaño, afirma en Lucas 23:39-43 : “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”
Aquí nos preguntaríamos, ¿Porqué Lázaro fue al seno de Abraham y el malhechor al paraíso de Dios? Antes del sacrificio de Cristo en la cruz del calvario, todas las personas al morir tenían como destino común el Seol o Hades. Después de la muerte de Jesús, se señalan dos lugares diferentes para los que fallecen.
En más de una ocasión hemos escuchado relatos de personas que han estado en el borde de la muerte y han relatado sus experiencias. Unos comentan llegar o ver un lugar semejante al que fue el rico de la parábola. Otros, vivenciaron algo semejante al mendigo Lázaro.
Veamos algunas citas que sustentan lo expresado.
Jonás 2:2 “y dijo: Invoqué en mi angustia a Jesús, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, Y mi voz oíste.” Tres días después de ser tragado por un gran pez, Jonás vivencia el Seol, y desde allí clamó a Jesús. Y este otro ejemplo es muy diciente, en Números 16:28-33 “Y dijo Moisés: En esto conoceréis que Jesús me ha enviado para que hiciese todas estas cosas, y que no las hice de mi propia voluntad. Si como mueren todos los hombres murieren éstos, o si ellos al ser visitados siguen la suerte de todos los hombres, Jesús no me envió. Mas si Jesús hiciere algo nuevo, y la tierra abriere su boca y los tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al Seol, entonces conoceréis que estos hombres irritaron a Jesús.
Y aconteció que cuando cesó él de hablar todas estas palabras, se abrió la tierra que estaba debajo de ellos. Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y a todos sus bienes. Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron de en medio de la congregación.”. Coré y todo su séquito, como todos los hombres, fueron al Seol, con la gran diferencia que llegaron allá estando vivos.
Pero con respecto a Jesús, una vez cumplida la promesa de su nacimiento y el cumplimiento de la profecía, dice la escritura en Hechos 2:22-27: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza; Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.”
Nuestro Jesús, al morir en la cruz del calvario, le correspondió como todo hombre, ir a parar al Seol, pero la muerte no lo pudo retener, imposible que lo retuviera por su santidad ya que de su boca no se halló mentira ni hizo engaño. Su alma no fue dejada en el Hades. El mismo afirma esto al decir en Apocalipsis 1:17-18 “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” El único que murió y resucitó, dice: ¡Tengo las llaves de la muerte y del Hades!. ¡ Y si tiene las llaves, tiene el control de ello! Y esta expresión de tener el control, léalo en Hebreos 2:14-15: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” Siendo esto el cumplimiento de su palabra: Oseas 13:14 “De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de mi vista.”
Y a partir de este momento la situación es diferente. Antes por el temor de la muerte, todos estábamos sujetos a servidumbre al que tenía el imperio de la muerte (diablo), pero una vez dada la victoria en la cruz, las condiciones varían. El que tenía el imperio de la muerte, ejercía una especie de presión sobre las almas, incluso procuraba mantener aún a los vivos como el caso de Coré. Así procuró hacerlo igualmente con el cuerpo de Moisés, pues es claro que éste no murió. Dice en Judas 9: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.” Trató de llevar al Seol el cuerpo de Moisés.
De esta forma se entiende el hecho que el rico de la parábola haya sido destinado al Hades o Seol como lugar de la muerte primera, previo al lago de fuego lugar, de la segunda muerte. Y el mendigo Lázaro al seno de Abraham, lugar previo al paraíso de Dios. Paraíso del cual testimonia el apóstol Pablo, en 2Co.12:1-4 “Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.”
Toda la escritura una vez más nos ha sido útil para esclarecer alrededor de un tema de gran interés. No todas las personas que hoy fallecen van al mismo sitio. Jesús, hoy tiene las llaves del Hades y por tanto su control. El es el Juez, quien decide al final, en el juicio, el destino de las almas. En Ap.21:7-8 “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” En esta escritura se presentan dos decisiones diferentes en el juicio final: Primero, para los vencedores, quienes logren la esperanza, herencia de todas las cosas. Y Segundo, los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos, la muerte segunda en el lago de fuego.
En el libro de Job también se deja hace alusión sobre el tema. Job 27:8 “Porque ¿cuál es la esperanza del impío, por mucho que hubiere robado, cuando Dios le quitare la vida?”, deja entrever el final que les espera a las almas que pecaren: la muerte segunda, la muerte del alma en el lago de fuego.
Y para los creyentes es muy importante recordar palabras expresadas por nuestro hermano Job. En Job 27:1-6 “Reasumió Job su discurso, y dijo: Vive Dios, que ha quitado mi derecho, y el Omnipotente, que amargó el alma mía, que todo el tiempo que mi alma esté en mí, y haya hálito de Dios en mis narices, Mis labios no hablarán iniquidad, ni mi lengua pronunciará engaño. Nunca tal acontezca que yo os justifique; hasta que muera, no quitaré de mí mi integridad. Mi justicia tengo asida, y no la cederé; No me reprochará mi corazón en todos mis días.”
¡Que hermosa la actitud de Job!. Esto está escrito para la formación del cristiano. ¡Así debe ser nuestra actitud! Y no como el proceder de aquel hombre rico en Lc.12:16-21, quien hizo para sí tesoros en la tierra y no fue rico para con Dios!